El Olor del Café Cuando Se Esta Tostando
- 1 ene 2014
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La casita era hecha en bareque, piso Razo de cemento, un espacio escueto al que le llamaban la sala, tenía una sola pieza donde dormíamos mis padres en una cama de burros hechos de madera que recibían unas tablas de dos metros de largas y mis hermanos y yo dormíamos en un cuero de res en el piso, el techo era de palmicha.
La cocina quedaba separada a siete metros y era encerrada con latas paradas de guadua, techo de palmicha, tenía una hornilla le llamaban era como una barbacoa de palos y encima pisado de tierra con tres piedras en fogón para cocinar con leña, tenía un zarzo donde alzaban los cachacos y los bananos para que se maduraran, una barbacoa colgada con alambre para alzar la vajilla que eran platos y pocillos esmaltados algunos con peladuras porque los dejábamos caer pero no se rompían, había otra barbacoa que era donde se ponía la bañadera o Platón para lavar la vajilla y las ollas. Todos estos auxiliares de la cocina y la puerta eran hechos de ya ripa de guadua, también había un horno hecho de barro en el que mi papa asaba el marrano para San Pedro y para año nuevo, que acostumbraban criarlos para sacrificarlos en esas fechas, la tradición era para que la familia comieran y también compartían con algunos vecinos cercanos a diez o quince minutos de distancia por la carretera nos llamaba por el nombre y nos decía vaya donde tal vecino, saluda y le dice ahí les mandan mis papas ese bocado.
En ese horno mi mama asaba bizcochuelos, bizcochos, envueltos de maduro, insulsos que también compartían juntos con el asado.
Hablando de mis padres, tuvieron doce hijos que son: Aurora que lamentablemente se enfermó de pulmonía a la edad de cuatro años y murió y le siguió Marina, Pedro, Aurora segunda y también corrió con mala suerte que se enfermó de infección intestinal y también murió tenía diez y ocho meses de edad y le seguí yo Bárbara, Rosalba, Flores miro, Teresa esta niña tenía diez meses de edad y le dio una enfermedad rara y murió causando dolor y mucha tristeza en la familia porque ya era la tercera que partía de este mundo, le siguió Farid, Zoila, Amparo y Humberto.
A la casa se llegaba por el lado sur o sea que a ese lado queda la carretera había una puerta de golpe hecha de madera y alambre de ahí habían como seis metros y se llegaba al espacio que llamábamos la sala, al norte parte de una manga que la rodeaba y el río Fortalecillas que como a cuarenta metros de ahí cogíamos el agua para el consumo, lavábamos la ropa en la orilla, nos bañábamos en un charco pequeño que había junto una roca de caliche ,con mis hermanos jugábamos deslizándonos y como eso soltaba unas lajitas pequeñas a veces nos rayábamos y nos quedaron cicatrices de recuerdos, al oriente había parte de la manga y una vega pequeña cultivada de cachaco, banano, aguacate ,papaya ,cacao y café que es del olor que desde muy pequeña me gustaba, cuando mi mama lo estaba tostando al calor de la llama que daba la leña dentro de una olla vieja de aluminio, arrugada porque desde hacía mucho tiempo la tenía ,en la que tostaba la pasilla y lo que le escogía al cacao y al café el dueño de la pequeña finca cuando lo cogían y lo secaban para llevárselo para el pueblo, si estaba en la orilla del rio, en la vega, o caminaba por la carretera a muchos metros antes de llegar sentía el olor y le decía a alguien de mis hermanos si estaban conmigo o a mí misma “mi mama está tostando café” de gustaba el olor porque el tinto, era como ellos lo llamaban no nos lo daban a tomar porque nos embrutecía o sea que nos perjudicaba la memoria, al occidente quedaba parte de la manga y una cerca de alambre de púas, que de ahí para allá quedaba otra manga donde habían dos árboles de limón que mantenían cargados en todo tiempo y también habían tres palmas de cuescos, por eso a esa pequeña finca le llamaban “Las Palmas”. Cuando nuestros padres no estaban en la casa porque estaban trabajando o los Domingos que se iban para el pueblo a mercar íbamos con algunos de mis hermanos y recogíamos cuescos los poníamos junto a una piedra y con otra pequeña los golpeábamos hasta quebrarles esa dura cascara y sacarles la almendra que es parecida al coco pero es un poco más dura, en ocasiones las juntábamos, las llevábamos a la casa las poníamos a hervir con agua y panela pero no ablandaban, las sacamos y nos las comíamos y luego nos tomábamos el agua de panela ,esto lo hacíamos a escondidas porque cuando se enteraban que comíamos eso nos regañaban y nos decían que masticando esos cuescos se nos dañaban los dientes.
Por el lado de esa manga bajábamos al río y había una cavidad entre la playa y la pena, ahí encontrábamos unas pelotas medianas como de unos veinticinco centímetros de diámetro y a veces más pequeñas de color café oscuro que las reventábamos y salía un polvo del mismo color y olor a hongo y nos decían que no jugáramos con eso porque eran pedos de bruja, pero nosotros íbamos de vez en cuando porque nos gustaba cogerlos y reventarlos.
En mil novecientos sesenta y cuatro nos fuimos para otra casa a veinte minutos más allá también quedaba a borde de la misma carretera por un lado y un poquito más allá se apartaba la carretera que va para la vereda Cucuana y une con La Sierra y Tello Huila, así que mis hermanos más pequeños y yo seguíamos trillando piedras con los pies descalzos en las carreteras porque mi papa que era quien proveía lo da la casa, tomaba trago y no alcanzaba para zapatos. Pero le agradezco mucho a Dios por los padres que me dio al mandarme a esta tierra por la buena crianza que me dieron en medio de dificultades.







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